El viaje del expatriado. Los diferentes estados emocionales antes y durante el proceso de relocation

El viaje del expatriado. Los diferentes estados emocionales antes y durante el proceso de relocation
14
Nov

Gracias a tu esfuerzo y perseverancia lo has conseguido. Comienza una nueva etapa en tu vida y en la de tu familia. Arranca tu proceso de relocation. A partir de este momento, todo serán preguntas y dudas -vivienda, finanzas, colegios, nuevos horarios y comidas, etc-, surgirán imprevistos y cambios de última hora, pero sobre todo, sentirás mucha emoción.

Aquí comienza tu viaje:

Antes de la partida: ¿Voy a hacer realmente esto?

Será cuando empiecen todos los preparativos, cuando te des realmente cuenta de que es verdad: te vas a vivir al extranjero para afrontar un nuevo reto profesional. En esta primera fase se mezclarán sentimientos de emoción, alegría y tristeza porque se cierra una etapa de tu vida.

Pequeñas vacaciones: ¡No me lo creo!

Ya está. Ya has llegado a tu nuevo destino. Durante las primeras horas, vivirás como unas pequeñas vacaciones en la que un aluvión de nuevas experiencias te invadirá. Nuevos paisajes, comida, sonidos, olores… La ilusión por descubrir y afrontar un nuevo proyecto perdurará durante los primeros días.

Shock cultural: dificultades para adaptarse

El idioma, el trabajo, la familia… ¡Muchos cambios para tan poco tiempo! Las primeras semanas son las más difíciles. Es importante que saques tiempo para conocer tu entorno, empaparte de tu nueva cultura, ampliar tu círculo de amistades, relacionarte solo con locales y perfeccionar tu idioma. ¡Ten paciencia y poco a poco pasarás de expatriado a compatriota!

-Transformación: cambio de ‘chip’

Con el paso de los días, conseguirás dejar atrás la fase de choque cultural. Establecer nuevas rutinas, actividades de ocio, planes con amigos, participar en las actividades locales –clubes, eventos, fiestas- te ayudará a que, definitivamente, te sientas como en casa en tu nuevo destino.

-Integración : ¡me siento como en casa!

No eres un nativo, pero has conseguido integrarte al 100% en tu nuevo entorno. Disfrutas de tu día a día, afrontas nuevos retos en el trabajo y vives tu expatriación como una experiencia única e irrepetible.

Ahora, solo te queda preguntarte: ¿qué hubiese pasado si no me hubiese ido?